Mi fiesta de cumpleaños. La vida alegre de algunos swingers con suerte

La vida alegre de algunos swingers con suerte-

Entre las sorpresas que uno nunca espera destaca la que me dio Amantina para el fin de semana de mi cumpleaños. Amantina es, para los que aún no han leído nuestra reseña, un hotel en Valle de Bravo que próximamente abrirá sus puertas para la comunidad SW. Pues resulta que, como los dueños son de lo que ya no hay, y se enteraron de que se avecinaba mi depresión anual, decidieron evitarla invitándonos a pasar un par de días a su lugar. Además de eso, tuvieron la extraordinaria generosidad de reunir también a algunos de mis amigos más queridos para hacer de la celebración, exactamente el tipo de fiesta que me gusta.

     Coincidió, con la visita del Sr. y la Sra Check, un par de regios a quienes conocimos en el crucero y que se metieron de squatters en nuestro corazón. También lo hicieron en el de los Amantinos, que se las ingeniaron para hacerlos venir a conocer su lugar. Así fue como se juntaron a cinco parejas de lo más geniales y dispuestas. Sepa el lector, que mis cumpleaños no son, ni de cerca, mi fecha más feliz. La crisis de la edad me pega con fuerza y ponerme en el centro de la gente me hace sentir muy incómodo. Lo que sí me encanta es tener excusas para estar con mis amigos, poder platicar sin prisa por muchas horas y jugar por muchas más.

     Cuando llegamos al muelle, nos esperaban ya todos en la playlanch, el pontón que transporta a los huéspedes al otro lado del lago. Destapé una cerveza, porque el tío Grú, como le decimos con amor al Sr. Amantino, siempre se asegura de tener una dotación fría para que, quien así lo requiera, pueda refrescarse  y dejar atrás las vicisitudes de la carretera en lo que el bote avanza. Me acomodé en la proa con cara de pirata del caribe y me alegré cuando Cabello Morado vino a arrinconarse bajo mi brazo izquierdo para, de vez en vez, dejarme un par de besos en la boca durante el camino. Si así empezábamos, el finde prometía mucho.

    Comimos, bebimos y departimos aprovechando que el clima de la tarde era por demás benevolente. Llegó la noche, y descubrí que Mariana había organizado que todos (menos su marido, a quién no le reveló ninguno de los planes) se vistieran de azul. Al ver a todas tan provocadoras y a todos, al menos, esmerados, sentí vergüenza de mi atuendo fachoso y corrí a la habitación para arreglarme un poco. Entre mis cosas había, por ventura, una playera azul que me ayudó a no desentonar demasiado en mi propio festejo. 

     Hay resultados que se obtienen cuando se hacen planeaciones cuidadosas, otros que son consecuencia lógica de juntar un número de ingredientes y otros más que, simplemente, ocurren por obra de la casualidad. Yo creo que me porté bien de niño, porque a mí me pasan maravillas que corresponden a estos tres niveles sin que yo tenga ningún tipo de intervención. Es decir, Mariana y el tío Grú se esforzaron para preparar una celebración genial, así ocurrió. Se juntaron las voluntades de personas increíbles para producir el mejor de los ambientes y además quiso el azar regalarme sorpresas como que, del otro lado del lago, Valle se llenó de fuegos artificiales en lo que nosotros comíamos pastel.  Pastel con mucho, mucho chocolate.

Trajeron, entonces, un colchón inflable y lo colocaron en el centro del salón de la chimenea.


      Trajeron, entonces, un colchón inflable y lo colocaron en el centro del salón de la chimenea.  Mariana, con su microvestido de resortes azules se acostó sobre éste. Entendí el gesto como la señal de que el playroom estaba abierto y me dispuse a conectar juguetes. Mientras Signore Medici le brincaba encima, me dijo mi mujer que aún no era tiempo de empezar. Hice una mueca y no entendí por qué teníamos que esperar a que la señora Check regresara.  Lo descubriría pocos segundos después cuando fui sujetado a una silla y vendado de los ojos. Se explicaron las reglas, entonces. Cada una de ellas, sacaría un papel de la tómbola. En él encontrarían una instrucción que debían realizar sobre mi persona, al terminar, sacarían otro y continuarían en una larga cadena que, para mi beneficio, podía empalmarse tantas veces como fuera necesario.

      De tal suerte, que tuve al mismo tiempo una boca en mi sexo y un sexo en mi boca, un beso por detrás de la oreja y manos por delante de todo lo demás. Lenguas, yemas, senos y pieles que me obligaban a ver únicamente con las manos. Escuchaba risas, comentarios cábulas, bromas en tonos diversos. Escuchaba, principalmente, gente siendo feliz. Y yo fui feliz de estar en el centro de todo eso. 

     Cuando me liberé de la venda, estaba acostado sobre el colchón inflable y dos mujeres hermosas se compartían mi erección. Pensé en la época en la que todo aquello parecía una fantasía imposible. Me alegré de haber sobrevivido cuarenta y un inviernos chilangos. Los juguetes estaban regados por todos lados y los condones y los lubricantes, dispuestos y a la mano.  De pronto, todo era una nube de cuerpos buscando, entre otros cuerpos, las mejores rutas para circular. Algunas veces, defiendo que el número ideal de participantes en una orgía es tres parejas. Esta vez, no estuve de acuerdo. Cinco por dos es una combinación sublime cuando se logra tal nivel de compatibilidad. Cualquier mujer podría haber caído en los brazos de cualquier hombre y el resultado hubiera sido igualmente explosivo.

    El poder de la combinación. El sortilegio de la mezcla. Muy pocos entienden la fuerza de los rituales colectivos, pero hay tantos que no sabrán nunca el portento que se esconde en una orgía.  Al cabo de varias horas, uno a uno, soldados, al fin de una amistosa batalla, comenzamos todos a caer sobre la escena. Había sudor, respiraciones agitadas, y esa sensación que queda sobre las palmas de las manos que, aún satisfechas, quieren seguir tocando. Giramos la mirada hacia la cocina. La única luz de la noche provenía de ahí. Detrás de la barra, y armado de dos sartenes, el tío Grú preguntó:

  -¿Quién no ha probado los famosos hotdogs del galán?

Amantina, un secreto en el lago
Foto: Mr. Black

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About Diego (siempre con su Mariana)

Diego y Mariana se conocieron hace un suspiro de dos décadas. Se quedaron juntos y aprendieron, a la buena y a la mala, las mil maneras de construir una relación. Pronto se dieron cuenta de que el sexo era el más emocionante laberinto y decidieron navegar sus rincones en pareja. Empezaron a escribir lo que les sucedía, sólo porque parecía lógico. Se sentía divertido y así descubrieron que la participación de los demás ayudaba a que las sensaciones estallaran con mejor algarabía. Les gusta jugar con otros. Les gusta follar con otros y les gusta que otros vengan a visitar su Jardín, lo exploren y se vuelvan, al leerlo, compañeros de aventuras.

4 comentarios :

Fulanos dijo...

Que épicos abrazos de cumpleaños los que ustedes se dan.

nosotros dos dijo...

hola chicos... tarde, pero... FELIZ CUMPLEAÑOS...!!!
Tanto "ella" como yo, hemos disfrutado, en sendos cumpleaños, del placer de ser el centro (con los ojos tapados) de los besos, caricias y "otras cosillas" de todos los presentes (en mi caso de todas las damas y en el de "ella" de todas las damas y todos los caballeros).
Son "regalos" que solo pueden recibirse siendo parte de esta comunidad swinger, una permanente usina de placer y sana (sí, sana, muy sana...) diversión.
Les mandamos un beso grande desde buenos aires
nosotros dos

Diego (siempre con su Mariana) dijo...

Amigos Fulanos y Amigos Nosotros Dos,

No saben el gusto que me da recibir felicitaciones de ustedes cuatro. Nos encanta que sigan dándose vueltas por este blog y espero que pronto estén todos en México para que nos demos abrazos los seis y en vivo.

Gracias miles

nosotros dos dijo...

nos encantaría volver a méxico... estuvimos en 2013 en akumal (a 10 km de tulum) y nos encantó.
Difícil que en un tiempo cercano volvamos, pero, los esperamos en buenos aires cuando quieran...!!!
besos de
nosotros dos

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