Lugares para swingers en méxico, Púrpura


Lugares para swingers

     Mariana sentó uno junto a otro a dos de los caballeros que formaban parte de nuestro grupo y comenzó a bailarles. Me costaba trabajo reconocerla. Para ella el erotismo es un tobogán por el cual dejarse caer. Mientras sube por las escaleras y hasta que pone un pie dentro, es completamente dueña de sus acciones y de sus temores. Se apropia del control y no lo cede con facilidad, ni siquiera, pequeños fragmentos de éste. Luego, se monta en el descenso y es todo emoción y sensaciones. Poco o nada hay de racional en sus maneras de seducir. Bailar a un hombre, o en este caso, a dos, no es parte de su arsenal habitual. Presupone que, durante la caída por el largo tobogán del deseo, ella pilotea una nave, toma decisiones, aplica tal o cual estrategia para producir efectos en el público, y eso, simplemente, no es su estilo.

     Pero así ocurrió y me encanta cuando puedo ver en mi mujer esas transformaciones, cuando algo hay de nuevo en el conocido trayecto de nuestra larga vida juntos. Los dueños del clásico Rubí, se cambiaron de local y  ganaron un espacio más grande, mucho más cómodo y con potencial de crecimiento. Lo primero que nos gustó en la inauguración es la sensación de haber llegado a casa. Era un viernes organizado por Libido y había mucho que celebrar, por lo tanto, no era de extrañarse que el lugar estuviera repleto de buenas intenciones. El nuevo club privilegia el color morado (obviamente) en la decoración y tiene una vibra más de bar que de antro, lo cual agradezco mucho. Es evidente que aún no es un producto terminado, pero es grato y tiene ondita.

      Nos ubicamos en una mesa con otras tres parejas de buenos amigos. Llegar a hasta allí nos tomó un buen rato porque todo el mundo estaba en esa fiesta, así que había suficientes razones para detenerse a saludar y conversar cada pocos centímetros. Las fiestas swinger han empezado a tener, para mí, ese saborcito de comida familiar, pero sin los tíos incómodos. Sólo los primos divertidos. Después siguieron los rituales sociales comunes para todos los contextos: ponerse al día, presentarse con gente nueva, y una dosis de coquetería saludable. Luego, la Estrella de Twitter hizo un show, y de alguna manera su brassiere terminó enredado en mi cuello. Tal vez, el componente social-familiar, había desaparecido para entonces y la noche prometía diversas rutas para el deseo.

      No sé qué estaba yo haciendo cuando la vi. Se había puesto pantalones negros de cuero para cumplir con el código de vestuario de la fiesta y no morir de frío. De cualquier manera, la blusa que llevaba no era propiamente un rompe vientos; los senos, apenas cubiertos por una tenue tela negra que cae desde los hombros y se abrocha sobre la nuca, dejando la espalda completamente desnuda. Los dos caballeros miraban fijamente su trasero y ella procuraba acercárselos lo suficiente manteniendo, entre los dos, una justa distribución de sus encantos. Bailaba estudiando cada movimiento: evaluando con cautela la causa y el efecto y determinando, con detalle quirúrgico, en dónde había que posar la mirada. Cuando puso sus ojos en mí, me derretí. Pasaron por la memoria de mi cuerpo millones de recuerdos sensoriales que empecé a coleccionar a los diecinueve años. Me hinché; estaba lleno de orgullo y de deseo.  Quien mira nuestro mundo desde afuera, difícilmente entenderá lo que se siente cuando ella se desnuda para otros, y como por arte de magia, yo la puedo ver con los mismos ojos con que la vi la primera vez que se desnudó para mí.
   
        Se quitó la  blusa con cuidado, y luego empezó a desabrochar el pantalón. Poco a poco, el resorte de una braga fue asomándose sobre su cadera. La canción terminó y Mariana detuvo el proceso. Volvió a vestirse y regresó a mi abrazo. Linda metáfora de una noche libertina. Después, pasaron más cosas. Estuve como niño enloquecido entre dos chicas que pusieron sus juveniles cuerpos a las órdenes de mis manos curiosas. Besé a más de una y acaricié a otras. Púrpura se comportó, en su estreno, como una jardín de las delicias sin límite de tiempo. Pero la noche se la llevó una certeza que siempre me ata inexorablemente a este estilo de vida. Cuando Mariana se siente segura, puede ser que ocurra en el ambiente algo indefinible, algo que la transforma y entonces lo conocido se vuelve misterioso, se abre un camino nueva hacia el descubrimiento. Mi mujer, después de tantos años de habérmela aprendido de memoria, se convierte en un nuevo territorio y mi apetito se abre como lo hacía al principio de nuestra historia.

Púrpura, Love & Lounge; Lounge
Jueves, Libido Extreme
Viernes, Libido
Sábado, Cachos
*Es necesario pedir clave de acceso

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About Diego (siempre con su Mariana)

Diego y Mariana se conocieron hace un suspiro de dos décadas. Se quedaron juntos y aprendieron, a la buena y a la mala, las mil maneras de construir una relación. Pronto se dieron cuenta de que el sexo era el más emocionante laberinto y decidieron navegar sus rincones en pareja. Empezaron a escribir lo que les sucedía, sólo porque parecía lógico. Se sentía divertido y así descubrieron que la participación de los demás ayudaba a que las sensaciones estallaran con mejor algarabía. Les gusta jugar con otros. Les gusta follar con otros y les gusta que otros vengan a visitar su Jardín, lo exploren y se vuelvan, al leerlo, compañeros de aventuras.

1 comentarios :

Delisexy! Sexo Sin Mantel dijo...

Siempre nos deja un gran sabor de boca leerlos. Sus reseñas de sitios swinger nos encantan y siempre nos han parecido muy parciales. Por eso merecen muchos besos. Ojalá podamos abrazarlos pronto :)

Aleatorias del pasado